Fracturas del cartílago de crecimiento (fisis)
La placa de crecimiento, o fisis, es una región de cartílago especializado situada cerca de los extremos de los huesos largos. Desempeña un papel fundamental en el desarrollo óseo del niño, ya que controla tanto la longitud como la forma de los huesos en crecimiento. En una radiografía, la fisis aparece como una línea oscura porque el cartílago aún no se ha calcificado como el hueso maduro.
A medida que el niño madura y el crecimiento se ralentiza, la fisis se endurece gradualmente y se transforma en hueso sólido, un proceso denominado cierre epifisario. Por lo general, las niñas terminan de crecer en torno a los 14 años, mientras que los niños continúan hasta los 16 años aproximadamente, aunque estas edades pueden variar mucho en función de la genética, la nutrición y el estado general de salud.

Por qué son vulnerables las placas de crecimiento
Como el cartílago del cartílago de crecimiento es más blando y menos denso que el hueso circundante, es más propenso a lesionarse. De hecho, la fisis suele ser más débil que los ligamentos que unen los huesos, lo que significa que una fuerza que podría provocar un esguince en la articulación de un adulto puede llegar a fracturar el cartílago de crecimiento de un niño.
A pesar de esta vulnerabilidad, los cartílagos de crecimiento son tejidos muy activos, y las lesiones que se producen en ellos suelen curarse rápidamente, siempre que se traten con prontitud. Sin embargo, si una fractura no se realinea correctamente en los primeros 5 a 7 días, la cicatrización precoz puede dificultar la corrección posterior.

Causas comunes
Las fracturas de fóvea representan entre el 15 y el 30% de todas las fracturas pediátricas, lo que las convierte en un motivo frecuente de evaluación ortopédica. Se producen con mayor frecuencia en los dedos, la muñeca y la parte inferior de la pierna, donde el rápido crecimiento y los altos niveles de actividad hacen que las lesiones sean más probables.
Las causas típicas son:
- Traumatismos agudos, como caídas, lesiones deportivas o accidentes.
- El estrés repetitivo, que se observa en atletas jóvenes como gimnastas, lanzadores o bailarines, donde las microlesiones se acumulan con el tiempo.
- Lesiones por torsión o impacto, especialmente en deportes de contacto o de alto impacto.
- Las lesiones por aplastamiento o los golpes directos en una extremidad, aunque menos frecuentes, pueden dañar gravemente el cartílago de crecimiento y las estructuras circundantes.
Síntomas
Los síntomas de una fractura del cartílago de crecimiento pueden ser desde sutiles hasta evidentes, dependiendo de la gravedad y la localización de la lesión. Los signos más comunes son:
- Dolor y sensibilidad localizados en la articulación o en el extremo del hueso.
- Hinchazón o calor en la zona afectada.
- Dificultad para soportar peso o mover la extremidad con normalidad.
- Deformidad visible si la fractura provoca desplazamiento.
- Cambios en la alineación o la función de las extremidades, sobre todo después de que disminuya la inflamación inicial.
En algunos casos, los síntomas pueden ser leves y confundirse con un esguince, por lo que el dolor persistente cerca de una articulación en un niño en edad de crecimiento siempre debe ser evaluado por un profesional sanitario.

Diagnóstico
Tras la exploración física, se suelen realizar radiografías de la zona lesionada. Dado que el cartílago de crecimiento está formado por cartílago y no aparece claramente en las radiografías estándar, los médicos suelen comparar las imágenes de ambas extremidades para detectar diferencias sutiles. En casos complejos, puede recurrirse a la resonancia magnética o a la ecografía para visualizar mejor el daño del cartílago o las lesiones de tejidos blandos asociadas.
Las fracturas del cartílago de crecimiento se clasifican mediante sistemas como la clasificación de Salter-Harris, que describe el tipo y la gravedad de la fractura y ayuda a orientar el tratamiento.
Tratamiento
El tratamiento depende del tipo, la localización y el desplazamiento de la fractura:
- Inmovilización:
Las fracturas menores y estables suelen tratarse con un yeso o una férula, lo que permite que la fisis cicatrice de forma natural. - Reducción cerrada:
Si los huesos están desalineados, el médico puede realizar un realineamiento suave bajo sedación antes de la inmovilización. - Fijación quirúrgica:
Las fracturas más graves o inestables pueden requerir clavos, tornillos o placas para mantener el hueso en su sitio mientras cicatriza. El objetivo de estos procedimientos es restablecer una alineación precisa para evitar alteraciones del crecimiento.

El tratamiento inmediato por parte de un traumatólogo -idealmente en los 5 a 7 días siguientes a la lesión- es crucial, ya que el cartílago de crecimiento comienza a cicatrizar rápidamente y puede complicar la corrección si se retrasa.
Recuperación y resultados
Por lo general, los niños se curan antes que los adultos, y la mayoría de las fracturas de la fisis tienen excelentes resultados con los cuidados adecuados. El tiempo de curación varía en función de la edad del niño y del hueso afectado, pero suele oscilar entre 3 y 6 semanas.
Tras la retirada de la escayola, puede aparecer temporalmente rigidez o debilidad, pero la actividad normal puede reanudarse a menudo una vez que se recupera la movilidad y la fuerza plenas.
Sin embargo, pueden producirse algunas complicaciones, entre ellas
- Alteraciones del crecimiento, que provocan una longitud desigual de las extremidades o deformidades angulares.
- Parada parcial del crecimiento, en la que parte del cartílago de crecimiento deja de funcionar.
- Fracturas recurrentes si el hueso permanece débil durante la recuperación temprana.
Las radiografías periódicas de seguimiento son importantes para controlar el crecimiento óseo, sobre todo después de lesiones más graves.
Conclusión
Las fracturas del cartílago de crecimiento son lesiones frecuentes pero muy tratables en los niños. Comprender sus causas, síntomas y la importancia de una evaluación ortopédica a tiempo ayuda a garantizar una curación adecuada y minimiza las complicaciones a largo plazo. Con una atención rápida y los cuidados adecuados, la mayoría de los niños se recuperan totalmente y siguen creciendo con normalidad.
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